Ahora que a perro flaco todo son pulgas y que los aprendices de bolivarianos trasnochados aprovechan para robar empresas españolas con legislación ad hoc, conviene pararse un momento y analizar las causas que han llevado a perpetrar tamaños dislates. Como fruto de decisiones políticas totalmente desafortunadas, países como Argentina se han puesto a sí mismos en una situación energética compleja y difícil de justificar ante una sociedad civil con capacidad crítica, cosa que por cierto allí parece haber desaparecido. Y aquí tampoco abunda, como veremos.
La excusa fundamental para el robo de YPF fue que Argentina había entrado en déficit energético y se había gastado más de 3.000 millones de dólares en importaciones de hidrocarburos durante el 2011. Esto es cierto pero, obviamente, lo que Kirchner y Kicillof no explican es por qué entraron en déficit y qué es lo que ha llevado a un país productor de petróleo y gas a tener que comprar en el exterior. La respuesta es sencilla: una política de subvenciones que mantenían a la población anestesiada y aislada de la realidad.
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